«San Martín es un Traidor»
Por Eduardo Guidolín Antequera
¿Qué pasa cuando quienes te conocen son los primeros en llamarte traidor?
No quienes te juzgan desde lejos. Los que te conocieron. Los que caminaron a tu lado.
Los que alguna vez te llamaron compañero, amigo, ¿Qué dirían de vos si un día decidieras enfrentarte a aquello que ellos aún defienden?
¿Si tuvieras que luchar contra quienes alguna vez lucharon junto a vos?
¿Si quienes compartieron tus mismos caminos terminaran viéndote como un enemigo? Una de las facetas menos exploradas de San Martín es, justamente, esa:
mirarlo desde aquello que fue…y desde aquello en lo que terminó convirtiéndose. Porque antes de ser el Libertador de América, San Martín había sido un militar español. Había formado parte de sus ejércitos. Había combatido bajo aquella bandera y había jurado lealtad frente a una corona. Y después, la historia lo colocaría del otro lado.
Disidente.
San Martín..Para su antigua patria, ya no era simplemente un soldado más.
Era el general que había elegido otro camino.Pero detrás de esas dos palabras hay una historia mucho más compleja.Porque para entender al San Martín que conocemos, quizás también tengamos que escuchar la voz de aquellos que alguna vez lo consideraron uno de los suyos.
«Negarse a si mismo»
Antes de sumergirte en esta nueva historia, será importante que puedas detenerte un instante y reflexionar sobre este otro San Martín que aparece frente a nosotros y que, quizás, también pueda ser vos mismo. Porque tal vez el motivo, la profundidad y el sentido de una decisión puedan convertirte en héroe o en villano dentro de una misma historia. Quizás San Martín sea, de alguna manera, una moneda con dos caras, mostrándonos siempre, en su hacer y en su no hacer, en lo que dijo y en lo que decidió callar, que la vida está hecha de decisiones y que cada una de ellas puede colocarnos de un lado o del otro. Pero quizás el mayor acto de valentía no sea solamente tomar una decisión, sino descubrir cuál es nuestro propósito, nuestra misión, y aventurarnos a darle sentido a nuestra propia vida. Y San Martín, con su accionar, también parece dejarnos esa enseñanza: que quizás el camino que elegiste, o el que te tocó transitar, no sea necesariamente el camino que realmente querés; que la vida puede ofrecer oportunidades para cambiar, para redimirte, para comenzar nuevamente, aun cuando la condena por aquello que fuiste pueda parecer demasiado grande. Porque enfrentarte a lo que has sido es, en definitiva, enfrentarte a vos mismo. Es morir, de momento en momento, para poder volver a elegir quién querés ser. Cuánto altruismo, cuánto coraje, se necesita para aventurarse a cambiar el propio destino, para tomar otras decisiones y, con ellas, modificar incluso el destino de millones de personas, en el presente y también en el futuro. Saber que la condena puede ser eterna, pero que quizás el legado también lo sea. Y comprender que cualquier persona puede, en algún momento, convertirse en aquello en lo que San Martín se convirtió. Todo puede comenzar con una sola decisión y continuar con un sinfín de acciones capaces de llevarte a la gloria y, al mismo tiempo, devolverte una y otra vez frente a vos mismo. Quizás, en esta reflexión, me quedo con ese San Martín que murió al llegar a América. El hombre que dejó atrás, casi como si hubiera matado a aquel personaje que había sido, para luego utilizar todo el potencial que había adquirido dentro de ese mismo sistema contra el sistema que lo había formado. Una paradoja fabulosa, ¿verdad? Y entonces aparece una pregunta inevitable: ¿y si nuestra propia vida también fuera eso? ¿Y si, en algún momento, nosotros también tuviéramos que morir a aquello que fuimos para poder convertirnos en aquello que realmente estamos destinados a ser?
«Los Españoles opinan de otra manera»
Sin dudas, quienes sentían que San Martín estaba dando batalla a la Corona española no iban a nombrarlo ni a mirarlo de la misma manera que aquellos a quienes sus acciones comenzaban a ofrecerles esperanza, oportunidades y libertad. Los que lo llamaron Libertador estaban muy lejos de la mirada que podían tener los criollos españoles radicados en América y, mucho más aún, los peninsulares cuando comenzaron a conocer sus acciones. Para unos, San Martín estaba abriendo un camino hacia la libertad.
Para otros, estaba enfrentando el orden que alguna vez había jurado defender. Dos caras de una misma historia. Veamos qué dice este valioso documento, porque quizás allí encontremos otra faceta de San Martín: la mirada de quienes alguna vez lo consideraron uno de los suyos y terminaron viéndolo desde el otro lado.
Veamos lo escrito en este documento de 1822:

Exmo Sor [Excelentísimo Señor]
Enterado el Rey por cartas q.e [que] le ha dirigido desde Lima el Capitan de fragata de la Armada ^nacional D. [Don] Manuel Abreu con fha. [fecha] de 6. de Nov.e [Noviembre] ultimo, de que a pesar de sus esfuerzos y de las conferencias tenidas con el Gefe de los disidentes de Chile D. José San Martin, no han tenido efecto los paternales deseos de S.M. [Su Majestad] de poner fin [palabra tachada] por medios de conciliacion a los males de la guerra q.e [que] afligen a esas provincias, se ha servido resolver S.M. q.e [que] considerando concluida la comision ^de pacificación que tenida el expresado Abreu, se retire ^este desde luego trasladandose en prim.a [primera] ocasion a la Península.
Lo comunico a V.E. [Vuestra Excelencia] de R.l [Real] orden p.a [para] su conocimiento, y con esta fha. [fecha] lo aviso igualm.te [igualmente] al mencionado Abreu p.a [para] su puntual cumplimiento.
Dios Guie. Aranjuez 31. de Marzo 1822
Confrontada
Sor. Gefe politico sup.or [superior] del Perú.
Transcripción: Archivo General de Indias. Ref. LIMA,800,N.1 Gobernación de Ultramar (1822-03-29/1822-07-03) fs. 1302.
Reflexiones
El contexto de este escrito nos sitúa en el último año de gestión pública de San Martín en el Perú, un período en el que tuvo momentos de conciliación con enviados de la corona, como lo fue Abreu. Lo trascendente aquí es observar la opinión que le atribuían los españoles que ya veían su accionar y lo conocían de cerca. Este calificativo descriptivo no es otro que el de «Disidente». Un título que cargaría, entre tantos otros, como el estigma de haber traicionado su antigua lealtad.
La salida de San Martín de España, la crisis de la corona tras la invasión napoleónica y el movimiento de los Caballeros Racionales y las logias impulsando la emancipación de los pueblos sometidos de América, aún dejan varios interrogantes. ¿Por qué vino? ¿A costa de qué? San Martín arriesgó y perdió todo lo que había construido por una tierra que apenas le había dado su territorio para nacer; una tierra a la que, de hecho, no le debía nada, pues hasta entonces él trabajaba para los dueños que la administraban y controlaban desde la conquista.
Disidir de algo es, en esencia, no estar de acuerdo. Pero, ¿qué motivó realmente a San Martín a volver, a luchar por la independencia y a plasmar bases e ideales que hasta el día de hoy a veces son cuestionados y puestos en duda? Como si su único legado hubiese sido luchar en batallas y guerras. A esto se le suma la profundidad de su decisión de retransformarse, de venir a arriesgarse por una causa que, como él mismo decía, era más importante que su propia vida, su prestigio y sus honores.
En este artículo me quedo reflexionando e intentando construir verdades sobre sus decisiones y acciones. Ser «disidente» es un hecho de rebeldía, pero lo que vino a enseñarnos a nosotros —los que hoy aún lo buscamos e intentamos desentrañar su magnánima vida— va mucho más allá. No nos interpela solo con lo que hizo en América, sino con su vida misma. Y ahí radica la pregunta para despedirme: para vos, ¿qué es San Martín, además de lo que ya sabés que es? ¿Aún lo seguís redescubriendo? Y, haciendo eco de su máxima: ¿fue lo que debió ser, o no fue nada?
¡Mi abrazo de siempre!


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